En esta entrada os contaremos los momentos de ocio y turismo de los cuales ya hemos disfrutado estos días. Esperemos que ahora que por fin tenemos hecho casi todo lo imprescindible, en lo que a la supervivencia y alrededores ser refiere, podamos dedicarle más tiempo a organizar y ejecutar excursiones de órdago.
El primer domingo que pasamos aquí ya lo aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad. Optamos por el plan que nos había recomendado Álvaro: bajar a la parte sur de Manhattan y allí coger el Ferry de Staten Island, que pasa muy cerca de la Estatua de la Libertad. Salió un día maravilloso, y, ciertamente, el plan mereció la pena. Es impresionante irse alejando de Manhattan, hasta llegar a un punto en el que los enormes rascacielos parecen una maqueta de juguete (foto).

Y ver de cerca la Estatua de la Libertad (foto) nos hizo darnos cuenta de que, en verdad, estábamos en Nueva York (y lo que nos quedaba). Por Staten Island dimos un paseo, parte del cual compartimos con un gran pelotón ciclista. El borough de Staten Island, forma, junto con Manhattan, Queens, Brooklyn y el Bronx, la ciudad de Nueva York

. A falta de conocer el resto, creo que Staten Island debe de ser de los más tranquilos, aunque tampoco hay mucho interesante que hacer por allí, que sepamos. Cuando llegamos de vuelta a Manhattan, era ya la hora de comer. El embarcadero del ferry está situado en el Battery Park, y allí nos zampamos un sándwich tostándonos al sol. El plan de Álvaro incluía coger Broadway y tirar todo para arriba. Eso hicimos, maravillándonos de la altura que alcanzan los edificios, que hace que la calle parezca mucho más estrecha de lo que su nombre daría a entender. Nos desviamos para sobrecogernos en la zona cero, una explanada bestial totalmente en obras. Mientras la rodeábamos, nos dimos cuenta de que era el día de la Madre, así que nos marchamos a casa para llamar a nuestras respectivas antes de que fuera demasiado tarde. Eso sí, nos dio tiempo a pasar por el barrio chino, con mercado incluido, y llegar hasta el Soho. En definitiva, que todavía nos queda mucho Broadway que recorrer, pues ya no hemos vuelto por allí.

El sábado siguiente, por cosa de las labores del hogar, sólo pudimos salir por la tarde. Decidimos acercarnos a Times Square. La verdad es que es alucinante acercarse a una plaza donde absolutamente TODO es publicidad (foto). Las fachadas están llenas de televisiones enormes emitiendo anuncios y thrillers. Allí nos llevamos la primera decepción de Nueva York y es que, aquí, en los Starbucks parece que no venden muffins. Hubo que contentarse con una galleta enorme y un bizcocho. Por cierto, yo (Jorge) os diré que todavía no he sido capaz de tomar una bebida caliente a la americana sin abrasarme la lengua. Ese día también me quemé. Ya hemos visto que los muffins los venden en otras cafeterías de menor renombre.
Esa tarde también caminamos por Broadway, pero el trozo correspondiente a Times Square y el que lleva hasta un poco más al norte, hasta donde comienza central Park. La ciudad de noche es también algo para ver. Eso sí, en cuanto se aleja uno de Times Square se reduce el bullicio a menos de la mitad.
Al día siguiente fuimos a casa de Emilio y María Luisa, que tuvieron a bien invitarnos a comer. Para los que no los conocéis, Emilio hizo la tesis en el departamento de Bioquímica, como Jorge, y está ahora de post-doc por estas tierras, en el hospital de New York University. María Luisa es su mujer. Ellos viven cerca de la calle 33 (nosotros en l

a 119, es decir, en la otra punta de Manhattan). Decidimos ir dando un paseo por Central Park hasta que nos cansáramos. Así que entramos en Central Park por el norte y salimos por el sur. Conclusión: nos cruzamos el parque entero. La verdad es que mereció la pena. A medida que nos acercábamos al sur, el parque estaba más lleno de gente haciendo picnic en las praderitas. Nos gustaron especialmente las vistas que hay desde el lago de Jacqueline Kennedy Onassis, desde donde se identifica alguno de los edificios protagonistas de los Cazafantasmas (foto). Además, había mucha gente haciendo deporte. Es un parque genial y todavía no hemos visto ni la mitad, yo creo. Habrá que hacer un tour en bici para poder inspeccionarlo a fondo. Cuando salimos de allí cogimos la quinta avenida (dejamos las compras en Tiffany’s para otro día, y es que se nos hacía tarde) y llegamos hasta la calle 33. Pusimos a prueba nuestras cervicales mirando hacia lo alto del Empire State, que parece menos alto de lo que es porque los edificios de al lado no son precisamente pequeñitos. De puerta a puerta, tardamos unas dos horas y media en llegar a casa de Emilio. Como nos parecía poco, luego nos dimos un paseo ambas parejas por el barrio universitario de Washington Square (muy bonito) y por el Village (muy cuco). La verdad es que todo nos gustó muchísimo, incluido el elevado número de sitios para hacer brunch que pudimos detectar. Mmmmmmmmmmmm... eso del brunch tenemos que probarlo.

Además de pasear un montón, Miguel nos ha llevado a conocer un restaurante tailandés y una heladería muy recomendable en la segunda avenida, a la altura de la calle 95. Eso, y sendos paseos por los parques cercanos a nuestro hogar, Morningside Park (foto) y Riverside Park, fue lo único turísticamente destacable que hicimos el fin de semana pasado; el resto fueron compras, limpiezas, y comeduras de cabeza con problemas informáticos varios (es que fue poner internet en casa y dejar de tener internet. Increíble. Tan increíble como que, desde el lunes, y sin hacer nada, no hayamos tenido ningún problema más). Ambos parques son muy agradables, en ellos se puede practicar deporte, y sin duda los visitaremos a menudo, siempre que ir a Central Park nos dé pereza (y ya tiene que ser mucha, porque está a menos de veinte minutos andando de casa).
En cuanto a este fin de semana, hemos tenido dos planes excepcionales. El viernes nos invitó a cenar a su casa un profesor del departamento de Jorge, Rafael, que es español. Lo pasamos estupendamente con su familia (su mujer, americana y sus dos hijas pequeñas) y con una amiga suya, María, que también vino a la cena.
Ayer celebramos el festival de Eurovisión en casa de Miguel, con un grupo de americanos que nunca habían vivido esa experiencia. Además de ellos, éramos cuatro españoles, dos israelíes y un inglés (esto parece el comienzo de un chiste de los buenos). En fin, esta fiesta fue indescriptible. Duró desde las tres de la tarde hasta las doce de la noche, por lo menos. Memorable (sobre todo por los mojitos que hace Ramón, el compañero de piso de Miguel). Y es que no sólo nos tragamos todas las actuaciones y las votaciones (ver foto en la que animamos a
nuestro representante), sino que hicimos una porra (que sospechosamente ganó Miguel), buscamos en YouTube otras actuaciones memorables (principalmente españolas) ocurridas en el festival, Azúcar Moreno incluidas, y también pudimos conocer que, en el Reino Unido, existe la teoría de que Franco amañó la edición que ganó Massiel, en claro perjuicio de los británicos que cantaban “Congratulations and celebration” (existe un documental que se puede ver en YouTube que da pruebas contundentes). Nuestro orgullo patrio no quiso aceptar lo que parece obvio. ¿Qué sensación os da a vosotros? También nos pasamos nuestras buenas horas sacando a la luz, gracias a YouTube, y en plan reto “A ver quién la tiene más grande”, vídeos del pasado que hubieran envejecido mal. Dimos con unos cuantos grandes, y eso que no sacamos el arsenal español que podría estar compuesto por Locomía, Miguel Bosé, King África o el del Opá, te vi a hacé un corrá. El top three de la noche estaría compuesto por los siguientes vídeos (si tenéis un ratico, no dejéis de verlos):
En tercer lugar, una interpretación bestial de Star Wars:
http://www.youtube.com/watch?v=Wffwg7pA0t8En segundo lugar, el Bertín Osborne americano:
http://www.youtube.com/watch?v=pgX-hiQdfFwY en primer lugar, no sé, vedlo vosotros, es indescriptible:
http://www.youtube.com/watch?v=7_rBidCkJxoHoy hemos vuelto a pasear por Central Park. Poco, pero esperamos mañana empaparnos un poco más de la ciudad. Nos hemos encontrado con un mapache gordo que acababa de robar una bolsa de basura y estaba pasando las de Caín para saltar la valla de vuelta a lo verde. En la foto, le veréis engullendo su botín.

A ver si nos empollamos la guía nueva que nos hemos comprado y podremos contaros más cositas de la ciudad en la que vivimos ahora.